Los beneficios de la música en el trabajo

Noviembre 2019 | Actualidad

Con un papel protagonista en disciplinas como el cine o el arte, y una cada vez mayor presencia en centros de ocio, retail y restauración, la música es aún una gran desconocida cuando se trata de espacios de trabajo.

Desde la llegada del open space y la sustitución de las salas compartimentadas y jerarquizadas por entornos versátiles y polivalentes, las empresas apuestan por crear entornos cada vez más amables. A esta transformación espacial inicial se le han añadido progresivamente otras herramientas, como el uso del mobiliario para separar atmósferas, el color como generador de emociones, la incorporación de la naturaleza a través de la biofilia, o el confort térmico, acústico y lumínico; y otros no tan tangibles, pero no por ello menos importantes para el bienestar físico y mental de los trabajadores, entre los que se encuentra la música.

Considerada una de las artes más abstractas y una excepcional muestra artística de la humanidad, la música tiene efectos sobre quienes la escuchan, tanto a nivel psicológico y emocional, como físico. Al favorecer la producción de dopamina en el cerebro, es capaz de provocar sentimientos diversos, que van desde la alegría, la euforia, la relajación o la excitación, a otros menos positivos, como la tristeza, el terror, la angustia o el dolor. Por todo ello, y para lograr la reacción adecuada en el oyente, resulta imprescindible saber qué tipo de música elegir, según cada momento y situación.

A pesar de tratarse de un aspecto relativamente nuevo, ya a mediados del siglo XX comenzó a analizarse la influencia de la música en los entornos laborales y sus efectos beneficiosos sobre los trabajadores. Desde entonces, psicólogos e investigadores como F. H. Kirkpatrick, W. Wokoun, J. G. Fox han demostrado que, además de aumentar la productividad en tareas que requieren de alta atención y demanda cognitiva, reducir el estrés y potenciar la creatividad, una escucha continuada de música mejora el estado emocional.

Utilizada a lo largo de la historia como una potente herramienta para influenciar el comportamiento, la música ayuda a transformar emociones.

Sobre si es la estructura de la propia música la que provoca todos estos efectos, o es la emoción que la escucha musical provoca la que influye de manera positiva en los trabajadores, investigaron W.F. Thompson, E.G Schellenberg y G. Husain, que en 2001 atribuyeron los denominados beneficios del 'Efecto Mozart' no a la estructura musical de la sonata de Mozart sino la emoción que despertó en los oyentes.

Para el profesor universitario asistente de la universidad de Navarra, Marcel Meyers, las empresas ya no sólo valoran la música por su influencia en el comportamiento del consumidor, sino también por los efectos positivos que generan sobre sus empleados, haciendo necesario el investigar la dimensión social de la música y cómo ésta puede fomentar las habilidades sociales en el entorno laboral.

Una vez demostrados los beneficios de la música en los espacios de trabajo, el siguiente paso consiste en elegir el género más adecuado para cada tarea ya que, al igual que aumenta la productividad y reduce el estrés, la música también puede causar el efecto contrario si no se escoge bien. Y es que, más allá de los gustos, las investigaciones han demostrado que existe una música apropiada para cada tipo de trabajo.

Las listas progresivas son perfectas para empezar la jornada, ya que el cerebro humano necesita un pequeño 'empujón' para comenzar a desarrollar una tarea. Por, ello, los expertos recomiendan comenzar con temas más animados y motivadores, que van disminuyendo su ritmo progresivamente según se acercan al período de relajación o concentración propio de media mañana.

Aunque muchos estudios apuntan a la música clásica como la mejor para trabajar, no se puede generalizar. El tipo de música debe adaptarse a cada tarea, pues cada género activa unas regiones cerebrales diferentes.

Mientras que para las tareas mecánicas y más monótonas, la música dance, electrónica, rock o pop resultan adecuadas, para trabajos que implican una mayor intensidad mental y atención al detalle se recomienda música clásica, jazz o temas melódicos y sin letra. En otras ocasiones, una playlist variada sin cambios bruscos ni constantes que distraigan nuestra atención puede ser de gran ayuda para trabajar, pues cada tema mantendrá estimulada una parte diferente del cerebro.

Compartir música en un mismo espacio de trabajo resulta muchas veces complicado. La diversidad de tareas y de estados anímicos hace que muchas veces la solución pase por la escucha individual. Pero escuchar música desde unos auriculares no es lo mismo que hacerlo desde el ordenador, y mucho menos de unos altavoces rodeando el espacio. Las fuentes directas de sonido pueden afectar negativamente a la productividad, por lo que es imprescindible, para los que puedan, distribuir adecuadamente las fuentes de sonido.

Sin embargo, y pesar de sus múltiples beneficios, la ausencia de música es a veces necesaria, en momentos de bloqueo mental, concentración, o porque simplemente queremos silencio. Porque, más allá de establecer reglas, de lo que se trata es de encontrar en cada momento la mejor solución.

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