Confort acústico en los espacios de trabajo

Noviembre 2019 | Actualidad

El confort acústico es uno de los aspectos que más influyen en la salud y el bienestar de los trabajadores. Junto al aire, el agua, la iluminación, el movimiento, la temperatura, los materiales, la alimentación, la mente y la comunidad, es uno de los diez conceptos con los que la certificación WELL v2 garantiza la salud de las personas que habitan los edificios.

Está demostrado que la exposición a un nivel excesivo de ruido está directamente relacionado con problemas de salud como la alteración del sueño, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares, así como con complicaciones en el aprendizaje y la cognición. Todo ello supone un aumento de la irritabilidad y el nivel del estrés, y una consecuente disminución del rendimiento y la concentración de los trabajadores.

En las oficinas, el ruido puede tener su origen en muy diversas fuentes. Desde la contaminación acústica exterior, procedente del tráfico u obras cercanas, a la generada en el interior por los ordenadores, las impresoras, las fotocopiadoras o los sistemas de climatización/ventilación. Pero, sin duda, el más molesto es el procedente de las conversaciones o llamadas telefónicas de otras personas, que, fluctuante y con información, es mucho más destructivo que el continuo y 'sin contenido'. Sin olvidar el Efecto Lombard, o la tendencia involuntaria, muy frecuente en oficinas y espacios públicos, a aumentar el volumen de voz en entornos ruidosos para oír y ser oído. Por todo ello resulta fundamental analizar la naturaleza de cada uno de los sonidos.

El carácter creativo y colaborativo de las nuevas formas de trabajo ha dado lugar estos últimos años a oficinas mucho más abiertas y flexibles, que encuentran en la acústica uno de sus principales desafíos. Espacios que combinan los entornos de concentración y colaboración, donde, al igual que ocurre en las salas de reunión o los despachos individuales, se trata de obtener un óptimo confort acústico.

Desde la arquitectura y construcción del propio edificio, a la distribución de los espacios, el mobiliario o los materiales, todo puede ayudar a controlar los niveles de ruido y mejorar la salud y el bienestar de las personas que trabajan allí. La solución pasa por ofrecer una amplia variedad de entornos que den respuesta a todos los sentidos, a través de un diseño no sólo estético, que apuesta por herramientas a priori 'intangibles', como la acústica, la iluminación y la ventilación, fundamentales para aumentar la creatividad y compromiso de sus trabajadores.

Aunque una buena calidad de los elementos de fachada y particiones interiores, sellando huecos en conexiones y puertas, y proporcionando espacio aéreo entre espacios cerrados, refuerza la privacidad del sonido y reduce el ruido, el confort acústico va más allá de elegir buenos materiales aislantes, levantar paredes o colocar puertas. Además de tratar de separar actividades por su nivel sonoro, es imprescindible ofrecer entornos diferenciados según el tipo de trabajo a realizar o el estado anímico del usuario. Si en las salas de reuniones o despachos independientes, un buen cerramiento y materiales aislantes pueden ser suficientes, en el caso de los espacios abiertos el desafío es mucho mayor.

Lograr que en un mismo espacio convivan entornos con distintos 'grados de privacidad' es posible gracias al uso de materiales fonoabsorbentes, tanto en forma de paneles separadores como integrados en el propio mobiliario. Además de evitar los muebles altos, que eliminan el contacto visual entre trabajadores y hacen que estos puedan alzar más fácilmente la voz, y optar por superficies curvas para reducir el ruido, es importante situar las fotocopiadoras e impresoras en salas independientes. Incorporar música ambiental puede también aumentar el bienestar de los trabajadores, siempre que ésta sea acorde al tipo de tarea a realizar. Múltiples estudios han demostrado cómo la música no sólo refuerza la capacidad cerebral y favorece la concentración, sino que además aumenta la motivación y crea un ambiente positivo de trabajo.

Por lo tanto, y aunque la tolerancia al ruido varía según cada persona y situación, es imprescindible crear espacios de trabajo lo más silenciosos posibles. Aunque no hay normativa específica al respecto, sí que existen dos recomendaciones: la de la Guía Técnica del RD 488/1997, de 14 de abril, sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud en el uso de pantallas con visualización de datos, que establece que “para tareas difíciles y complejas el nivel sonoro continuo equivalente, LAeq que soporte el usuario, no debería exceder los 55 dB(A)”; y la de la Norma Básica de Edificación-88:NBE-CA-88, que pone los límites en 40 db(A), en el caso de los despachos profesionales, y 45db(A) en el de las oficinas.

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