“El contexto es un factor que influye en la felicidad. Y el contexto se diseña”

Febrero 2016 | Actualidad

Entrevista a Juan Carlos Baumgartner, el arquitecto que busca la felicidad del usuario.

Juan Carlos Baumgartner es uno de los principales arquitectos mexicanos y un feroz creyente de que los espacios de trabajo son mucho más que mesas y sillas de mobiliario. Desde hace años investiga, busca y explora la manera de crear espacios cuyo único objetivo es poner en el centro a las personas, una arquitectura al servicio del usuario y donde la felicidad toma una papel prioritario. En colaboración con la Universidad de Harvard y su rama científica sobre Ciencias de la Felicidad, este arquitecto desarrolla proyectos de arquitectura corporativa y sostenible desde su estudio Space. En los últimos años, han diseñado las oficinas de firmas tan reconocidas como Red Bul, Nokia, Google, American Express o Santillana. Aprovechando su visita a Feria Hábitat Valencia como ponente invitado por NUDE, quisimos hablar con él y profundizar en su teoría sobre la felicidad en los puestos de trabajo que tan bien conecta con el “Cool Working” by Actiu.

Crear emociones a partir de los espacios. Es un argumento muy de moda pero que poca gente llega a aplicar con conocimiento. Vosotros comenzasteis con esta tendencia hace ya varios años. ¿Cómo llegasteis a la conclusión de que era el futuro?

A partir de los años ochenta algunos expertos se dieron cuenta de que en el futuro la gente no iba a consumir objetos y servicios sin más, sino que se preocuparían por consumir experiencias. Esta teoría tiene una sólida base antropológica: hace apenas 200 años la expectativa de vida del ser humano comenzó a ser alta. Pero antes, como mucho, vivían 30 años… algo similar a lo que sucede en países como Sierra Leona hoy en día. Cuando vives 30 años tus preocupaciones son muy básicas: comer, procrear y esperar a morir. Es en esos momentos cuando los objetos eran fundamentales para sobrevivir. Pero con mayor esperanza de vida, la gente empieza a cuestionarse a qué ha venido al mundo, cuál es el sentido de su vida… y entonces es cuando se dan cuenta de que las cosas importantes, las que realmente nos llenan, no tienen nada que ver con los objetos materiales. Esto tan básico y fundamental desde el punto de vista antropológico se ha permeado a prácticamente todo. Nosotros estamos en esa búsqueda de cómo el objeto deja de ser objeto y se vuelve un componente fundamental en la creación de experiencias, que son las que realmente dan sentido a la vida.

¿Crees entonces que estamos en una vuelta a los orígenes? ¿Que el capitalismo y el consumo masivo han saturado tanto a las personas con mensajes sobre el objeto que hemos perdido la experiencia adherida a él?

Yo creo que estamos en el vértice de una revolución y que va a ser una revolución del diseño. Estoy convencido que en el futuro todas las organizaciones van a ser organizaciones que van a vender diseño. Diseño hecho coches, diseño hecho computadoras, teléfonos o muebles. Las organizaciones van a estar ligadas alrededor del diseño y no solo eso, lideradas en torno a una filosofía de diseño. Incluso las Instituciones públicas acabarán haciendo políticas con una visión centrada en el diseño. Ya no será únicamente una disciplina centrada en los objetos o en la comunicación gráfica, va a traspasar a todos los campos y comenzaremos a ver países que hacen política con diseño.

¿Crees que ya hay países, como puedan ser los nórdicos, que están más centrados en el diseño y que los resultados son más positivos en comparación a otros que desconocen su poder?

En los países nórdicos, por ejemplo, los sistemas educativos que tienen son sistemas educativos construidos alrededor del concepto de diseño, pero entendiendo que el diseño no es el objeto y el espacio, sino una forma de ver el mundo, de cómo podría ser y no solo cómo es. Esto te abre un sinfín de posibilidades que antes no tenías. Por ejemplo: estoy seguro de que el diseño es la solución a la eliminación de la pobreza en el mundo. No nos engañemos: ningún país va a llevar el agua potable a África ni va a erradicar el hambre. Seguramente lo hará un diseñador. Hay cosas que los sistemas no están capacitados para hacer, pero que mediante el diseño, se pueden abordar.

¿Y de qué manera imprimes este diseño en tus proyectos de arquitectura centrados en oficinas?

Nosotros creemos que hay tres eclosiones en los espacios de trabajo que van muy ligadas al concepto de despacho. La versión Space 1.0 era convencer a los clientes de que el espacio puede ser una herramienta competitiva para la organización. Esta versión es muy básica y consiste en ayudar al cliente a ganar dinero unificando en un mismo espacio a todos los miembros activos de su empresa. La versión 2.0 es mucho más humana. Sin dejar de lado que las empresas son lugares para generar dinero, se reflexiona sobre la gente. Ayudamos a administrar el cambio, a entender el compromiso, la relación entre las personas y el espacio, y se centra la búsqueda de muebles y objetos bajo parámetros de salud. La versión 3.0, en la que estamos trabajando, se centra en la felicidad del trabajador. Estudios recientes demuestran que el 98% de las personas en el mundo -sin importar color, cultura o religión- aspiran en la vida a ser felices, y rara vez quienes diseñamos nos preguntamos cómo podemos colaborar en esta búsqueda.

¿Pero de qué manera un espacio de trabajo puede aportar felicidad? ¿La felicidad no es muy subjetiva? Y más en un espacio laboral…

Lo primero es cuestionarse por qué más del 98% de la sociedad buscar ser feliz. Significa que hemos creado sociedades que dan respuesta a muchas cosas, pero no a esa tan básica. Hemos construido una economía que busca riqueza, y está demostrado que la riqueza no genera felicidad. Hemos desarrollado un sistema educativo que lo que busca es aportar una inmensa cantidad de conocimientos, que tampoco están relacionados con la felicidad. Nada de lo que hemos creado como sociedad nos ayuda a ser más felices.

La segunda es que muchos de los teóricos de felicidad de hoy en día, principalmente en la Universidad de Harvard que tiene toda una rama sobre “Ciencias de la felicidad”, lo que genera felicidad es la mezcla entre el placer y el propósito. Es decir, si en la vida tienes mucho propósito pero poco placer no eres feliz. Lo mismo al revés. La clave es el equilibrio entre los dos.

En el trabajo es exactamente lo mismo. Si encuentras una profesión en que te gusta lo que haces y, además, cumples tus expectativas personales, tienes una inmensa suerte y más posibilidades de ser feliz. Pero lo que muchas investigaciones recientes afirman, pero nadie comenta, es que hay un tercer componente fundamental: el contexto. Si eres el contable de una empresa, que tienes que sumar y restar números… te parece aburridísimo y además lo haces en un sótano sin luz natural… acabarás con un balazo en la cabeza. Hay empleos en los que cambiar el propósito y el placer es muy complicado. Pero sí puedes cambiar el contexto. Si esa misma persona le pones en un espacio agradable con color con luz natural… cambias el contexto y el contexto es uno de los factores que influyen en la felicidad. Y el contexto se diseña.

¿Y cómo diseñas ese contexto para que le guste a todo el mundo? Porque también los gustos son muy variados…

Es que no tiene que ver con gusto. Tiene que ver con cosas más trascendentes que el ser humano busca, que le llenan, y cuando analizas los métricos de felicidad estos son los que salen a la luz. Por ejemplo uno de los factores es “Friends and Family”. Es decir, la gente que tiene una red grande de amigos y familia tiende a sacar un porcentaje más alto de felicidad. Este mismo índice lo llevas a la oficina y te planteas ¿está la oficina diseñada para ayudarme a hacer amigos? No. Y no solo espacialmente, son muchas otras cosas… pero con la excusa del espacio empiezas a cambiar la cultura de empresa, que incluye otras cuestiones como horarios, conciliación, etc. Nosotros analizamos cuáles son los espacios en los que la gente hace mejores amigos. Por ejemplo un bar, y nos preguntamos cuáles son las características antropológicas que suceden en un bar. Las traducimos y las llevamos a una oficina, donde generamos esas condiciones para crear amistad en un espacio de trabajo. Cuando todo eso confluye, vas a una oficina que no parece una oficina. Puede ser otra cosa. Espacios que generan felicidad.

Pero también tienes que tener en cuenta el puesto operacional de cada persona, porque al final van a trabajar y es preciso que sean productivos y sean eficientes y que no solo estén ahí para pasárselo bien y ser felices.

Alguien que no se lo pasa bien no es productivo. Es como en la educación, la gente ha creído durante muchos años que la educación es un tema intelectual. La educación es predominantemente emocional. La parte fundamental del aprendizaje está en la emoción que genera, el querer aprender. Y es un componente que nadie ha metido en educación. Todos hemos atacado con la perspectiva racional la educación, cuando en el fondo de la educación están las emociones. Está claro que en las oficinas ha de existir un equilibro. La gente debe tener un lugar donde se pueda sentar y trabajar, porque si no, ya existe el bar y no la oficina. Pero ahí es donde está el reto del diseño.

¿Y cómo crees que puedes llegar a contabilizar los beneficios que aportan este tipo de espacios para la gente?

Nosotros una de las cosas en las que nos hemos enfocado muchísimo es todo el concepto de “Everyday Space Design”: todas las cosas tienen una consecuencia derivada de su diseño y un resultado en la vida tangible. Ya hay métricas para medir la felicidad, para medir la productividad, el compromiso, la satisfacción... El problema es que la mayoría de diseñadores de esta industria ni siquiera las conocemos. Si yo no te explico que Harvard tiene sección de “Ciencias de la Felicidad” y que tengo una alianza con Harvard y que lo que estamos haciendo es sumamente científico… la gente me ve como con hippy loco que quiere cambiar el mundo con flores. Y sin embargo, en mi trabajo diario, hay una gran parte científica, de resonancia magnética de las personas y de la sociedad. Reflexionamos sobre el ser humano y por qué pensamos cómo pensamos. Hoy en día se puede medir y valorar todo, depende del tamaño de tu bolsillo. Pero incluso en una oficina, podrías hacer resonancias magnéticas a todos los empleados y medir en detalle qué partes del cerebro están funcionando comparando un espacio con otro.

Entonces, lo que vosotros argumentáis es que la arquitectura o el contenedor, al final, es lo menos importante. Lo importante es todo lo que se genera dentro, las experiencias que se crean dentro si afrontas el diseño del proyecto desde la felicidad.

Todos pecamos de superficiales, de hacer las cosas estéticas y formales pero sin cuestionarnos si eso provoca algo positivo en la psique de quienes lo usan. Llevamos cientos de años queriendo desarrollar cosas bonitas… y en parte la belleza o estética ayuda y tiene una correlación con la felicidad, pero no es una herramienta de transformación de la sociedad. Nosotros aplicamos los estudios científicos sobre la felicidad y los llevamos a la realidad de un espacio. Te cuento una anécdota: hace años nosotros queríamos abrir una oficina en Dubái. Llegas allí y ves edificios súper vanguardistas, cada uno más alto que el anterior y que parece que se vaya a caer. Para edificar eso, hicieron ejercicios muy avanzados de innovación. Pero no una innovación centrada en ayudar al mundo, ni para hacer un planeta mejor… sino innovación centrada únicamente en que el ego del arquitecto creciera.

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