El futuro del coworking y los espacios flexibles

Noviembre 2019 | Actualidad

¿Son los coworking una moda temporal? ¿Acabarán las oficinas tradicionales convertidas en grandes coworkings? Sin duda, estos espacios orientados al trabajo compartido han transformado el mercado y no dejarán de evolucionar. Pero, ¿cómo? Hasta ahora han supuesto una revolución que, incluso, hace replantearse las tradicionales estructuras de trabajo.

De todo ello se habló en la pasada edición de WorkSpacesDay, tres días de conferencias con expertos que despejaron las incógnitas del coworking y abordaron las nuevas formas de trabajo. Actiu estuvo presente en este foro a través de su consejera y directora de Reputación Corporativa, Soledat Berbegal.

El diseño del espacio: la clave del bienestar

Algo en lo que todos los ponentes estuvieron de acuerdo fue en la importancia de que el coworking cree comunidad. Es crucial retomar la idea original de este concepto: espacios de trabajo entre personas afines, que puedan compartir, además de espacio de trabajo, unos valores, una manera de ver la vida y proyectos que les unan más allá de sus tareas individuales. Esa es la clave de los coworkings que funcionan y el diseño es (clave) fundamental para crear esa atmósfera de bienestar.

La responsable de Actiu lo apuntó al empezar su conferencia: “El diseño y los espacios han de ser el catalizador del cambio, ya que el diseño del espacio influye en el bienestar de las personas y en la sensación de pertenencia a un colectivo”.

Home, work and fun in the office

Actualmente, las tendencias apuntan hacia la desaparición de las fronteras entre espacios  de trabajo, de vida y de ocio. Las nuevas tecnologías nos permiten trabajar desde cualquier sitio y cada día se consolida aún más la tendencia de crear entornos híbridos, que combinan el placer y el trabajo. En ese sentido, pronto podremos encontrar oficinas combinadas con viviendas o tiendas. Edificios Mix donde lo importante son las personas.

Cooperación y no competencia

En ese sentido, los coworkings son el primer paso. Potencian la cooperación y no la competencia, creando espacios de trabajo compartidos que fomentan la colaboración por proyectos, conectando a personas de distintas disciplinas para trabajar juntos. Es más, la elección entre un espacio y otro muchas veces se toma teniendo en cuenta variables como su diseño, los compañeros y las actividades extra laborales que puede acoger.

En ese sentido, será crucial que esos espacios consigan crear afinidades entre sus ocupantes. Es decir, que se genere una fidelización de sus usuarios a partir de experiencias ligadas a la diversificación de sus actividades lúdicas y de networking adaptándose al perfil de éstos. Esa filosofía e identidad de marca del coworking puede replicarse entonces en otros centros asociados y servir de reclamo para los mismos o para usuarios diferentes.

El mueble como atractivo que capta coworkers

“El diseño de un espacio aporta variables no contables pero de gran importancia para la decisión final de la persona. Es una excelente carta de presentación, facilita el confort, el uso, la ergonomía y la luz, genera una sentimiento de pertenencia y beneficia al crecimiento profesional de las personas con zonas de colaboración pero también de concentración”, explicó Soledat Berbegal en su ponencia.

La tecnología: el aliado clave

Y es en parte gracias a la tecnología, que el uso de los espacios es algo gestionable y abarcable. De hecho, otra de las tendencias del sector es el incremento del “consumo por uso”. Es decir, un área de trabajo ya no se tiene ni en propiedad ni durante toda la jornada. Es adaptable a las necesidades de cada persona y de cada día. La tecnología, entonces, se convierte en un aliado imprescindible.

Conocer el nivel de ocupación de unas oficinas, su uso y su disponibilidad gracias a herramientas compartidas permite a los integrantes de un coworking sacar el mayor rendimiento a un espacio. Herramientas como Actiu Next permite un continuo análisis y una mejora contínua del espacio para favorecer la mejor experiencia del usuario en el uso y disfrute del mismo.

Productividad y flexibilidad

Porque si de algo entienden estos espacios es de rendimiento y flexibilidad. Hablamos de entornos creados a medida para las personas, donde la fidelidad de los coworkers pasa por la excelencia en el servicio y en el uso. Donde el diseño propicia estrategias para atraer y captar coworkers. Donde las opciones de uso en un mismo día son variadas, y el mueble el mejor aliado para encontrar el espacio perfecto para cada tarea. Espacios donde existen unos valores, una comodidad y unas condiciones que permiten a cada uno desempeñar su trabajo en el mejor entorno posible y con los mejores compañeros.

Del Coworking a la oficina tradicional

Las necesidades de encontrar un espacio de trabajo para todo tipo de organizaciones han evolucionado y esta transformación ha terminado por influir en las oficinas tradicionales, que están viendo en los coworkings unos laboratorios de creatividad, productividad y eficiencia que muchos desean recrear en sus propias instalaciones. Cambiar el espacio fijo por flexible. Generar puestos de trabajo que puedan atraer a las oficinas a terceras personas -que no forman parte de la empresa- para mejorar la colaboración e, incluso, aplicar la tecnología para hacer centros más vivos, donde las personas trabajan por objetivos y desarrollan su propia rutina diaria escogiendo libremente en qué espacio desean hacerlo.

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