WELL: Diseño y bienestar al servicio de las personas

Febrero 2019 | Actualidad

El ahorro de energía y agua, el reciclaje de desechos, el uso de materiales respetuosos con el entorno y la 'arquitectura verde', que hasta hace poco captaban la atención de muchas empresas, ya no es suficiente para garantizar la calidad de los espacios. Desde la irrupción de la certificación WELL, la denominada “segunda ola de sostenibilidad” ha cambiado el foco de los edificios y su relación con el entorno, al bienestar y salud de las personas que los habitan. “Si BREEAM y LEED buscaban mejorar el edificio a través de la ingeniería del diseño, ahora WELL trata de implementar aspectos como el aire, el agua, los alimentos o la luz”, explica el CEO y Chairman del International WELL Building Institute (IWBI) y anterior fundador del U.S Green Building Council (USGBC), Rick Fedrizzi.

Fundada en 2015 por Delos y dirigida por el International WELL Building Institute, WELL es el resultado de siete años de investigación de un equipo multidisciplinar formado por científicos, médicos y arquitectos. Frente a la certificación LEED, que apostaba por la sostenibilidad, mediante una eficiencia energética que derivase en una mayor calidad de los edificios, WELL incorpora mejoras que promueven el bienestar y generan hábitos saludables en sus ocupantes. Otorgada como su antecesora en tres niveles (Plata, Oro y Platino), WELL verifica in situ el espacio construido a partir de variables relacionadas con la salud. Siete en su versión original (aire, agua, alimentación, luz, ejercicio físico, confort térmico y mente), a las que WELL v2 incorpora otras tres (sonido, materiales y comunidad).

“WELL permite canalizar el bienestar, entendiendo este último como un recorrido dinámico que, con un importante valor social, avanza hacia un equilibrio entre lo físico y lo emocional”, apunta el presidente de Apta Vitae, Giovanni Fabris. Para el co-organizador junto al Instituto tecnológico de Galicia (ITG), del Wellreference, el evento que da a conocer el WELL en Europa, “esta certificación supone un valioso instrumento para trabajar de forma respetuosa con nuestro entorno”.

Teniendo en cuenta que entre el 60 y el 70% de nuestra salud está condicionada por el entorno y pasamos alrededor del 90% del tiempo en lugares cerrados donde el nivel de contaminación es muchas veces mayor que en el exterior, resulta imprescindible crear espacios de trabajo saludables. Ambientes para las personas que, como apunta el responsable de sostenibilidad en innovación y tecnología de Homu Welltech, David Lázaro, “democratizan la salud, aumentan la productividad, y atraen y retienen el mejor talento”.

Para la experta en sostenibilidad y bienestar de la consultora inmobiliaria CBRE, Patricia Fuertes, es necesario entender la creación de un espacio saludable como algo que va mucho más allá de actuaciones puntuales. Según la arquitecta, “WELL aporta una visión integral de lo que es el bienestar, en una sociedad donde las nuevas generaciones exigen una cada vez mayor conciliación entre unos nuevos hábitos de vida saludables y su vida laboral”.

WELL materializa la apuesta de las empresas por las personas, a través de aspectos tangibles como la belleza, la innovación y la cultura, y otros intangibles como el aire y la luz, que no se sienten y son la esencia del confort. “Ya hace siglos, Vitruvio se refería la buena arquitectura con aspectos como la salubridad y la calidad del aire”, señala Susana Saiz, directora asociada de Arup. Este vínculo entre la buena arquitectura y las personas se ha ido diluyendo con el tiempo y ahora vuelve a resurgir. Para la especialista en sostenibilidad, eficiencia energética y arquitectura bioclimática de Homu Welltech, Gala Fombella“WELL recupera la idea del edificio como un espacio donde sentirnos bien”.

Desde el grupo inmobiliario patrimonialista, GMP, su director General de Negocio, Xabier Barrondo, y la directora de Proyectos, Susana Díaz, se refieren a la arquitectura como “la escenografía donde las personas desarrollan su actividad, en un entorno social donde, además de la productividad, juega un papel fundamental la felicidad”. En su trabajo, sostenibilidad humana y ambiental van de la mano para generar conexiones directas con el exterior que permiten integrar naturaleza y arquitectura. Es una apuesta por el bienestar y el confort de las personas, de la que es buen ejemplo el edificio Castellana 81 (anteriormente Torre BBVA o Torre del Banco de Bilbao) del arquitecto Sáenz de Oiza. Rehabilitado y declarado Bien de Interés Cultural en 2017, LEED Platino Core & Shell y WELL Building Standard Oro Core & Shell, el edificio ya incorporaba en su proyecto original soluciones sostenibles.

“Estamos ante un nuevo Renacimiento, que da un valor muy alto al diseño y no sólo a la funcionalidad. No se trata de elegir los mejores materiales y sistemas más eficientes, sino de invertir también en aspectos que potencien la inspiración de las personas y las coloquen en el centro”, apunta Rick Fedrizzi. Para lograrlo, los proyectos deben acometerse de forma integral, ofreciendo alternativas sostenibles que sustituyan los ascensores por escaleras, disminuyan el uso de halógenos a favor de la luz natural o introduzcan dietas saludables. 

EL BIENESTAR

es el principio de todo

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La temperatura ideal, el control lumínico y un adecuado nivel sonoro son los aspectos que, según el Responsable de Project Business en Somfy España, Albert López, más preocupan a los usuarios. El arquitecto trabaja junto a su equipo en el diseño y ejecución de fachadas dinámicas que respondan tanto a las necesidades del entorno exterior como a los usuarios que habitan su interior. Son espacios abiertos y transparentes, donde, como apunta Soledat Berbegal de Actiu, “el mobiliario deja de ser un elemento sin más para convertirse en una herramienta que, con cada vez más funciones, mejora el bienestar de sus usuarios y les permite socializar, colaborar, aislarse o concentrarse”. Para la Consejera y Directora de Reputación de Marca en Actiu, el mueble es ya parte inseparable de una “arquitectura activa”, que mueve tanto a nivel físico como anímico.

Aunque medir aspectos intangibles resulta a veces complicado, cada vez hay más herramientas para lograrlo. “No se trata sólo de diseñar un buen edificio, sino de lograr que éste funcione bien”, señala Miguel Fernández, de Cundall, para quien resulta fundamental monitorizar la productividad y retención de talento para demostrar la rentabilidad del WELL. Esta rentabilidad, como apunta la fundadora de Asla Green Solutions, Patrizia Laplana, va mucho más allá de la empresa y los edificios, y afecta ya a barrios y ciudades.

“Con puntos en común con las certificaciones BREEAM y LEED, WELL incorpora a los edificios una credibilidad cuantitativa al añadir una verificación externa independiente”, explica el Director de Sosteniblidad para España de la Ingeniería DeernsDaniel Martín. Mientras las primeras estaban pensadas para reducir el impacto de la edificación sobre el cambio climático, WELL busca mejorar y generar un impacto positivo sobre las personas que ocupan los edificios. Estas personas son, precisamente, las que a día de hoy constituyen el mayor porcentaje (en torno a un 90%) del gasto de las empresas.

Presente sobre todo en espacios de trabajo, WELL empieza ya a asomarse a otros sectores, como el educativo o el sanitario, donde el entorno juega un papel fundamental en el bienestar de sus usuarios. “En la arquitectura residencial, las residencias de estudiantes o ancianos y los hoteles constituyen el nicho más sensible a una certificación que aún tardará en llegar a las viviendas privadas”, apunta el responsable de la certificación WELL del Instituto tecnológico de Galicia (ITG), Bieito Silva.

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