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Hablando con Hugo Berenguer sobre arquitectura

Hablando con Hugo Berenguer sobre arquitectura

SEPTIEMBRE 2026
·
13 minutos
·

Hugo Berenguer es CEO y socio de Rafael de La-Hoz Arquitectos, uno de los estudios de referencia en la arquitectura española contemporánea. Desde una práctica profundamente arraigada en la cultura arquitectónica española, ha impulsado una visión que integra tradición, innovación, sostenibilidad y estrategia, entendiendo la arquitectura como un ejercicio de responsabilidad cultural y proyección futura. 

La conexión de Actiu con el estudio de arquitectura de Rafael de La-Hoz es larga y extensa. Comenzó desde la admiración de Vicent Berbegal por el arquitecto, de sus obras y talento. El nuevo espacio Actiu RED de Madrid comparte edificio, uno de los sueños del fundador de Actiu, que es un gran admirador del arquitecto. Con la evolución de ambas marcas, el estudio y la empresa comparten muchos valores, desde la importancia del arraigo, de la historia de los lugares, el respeto de los materiales o el cuidado de las personas, ya sea desde la arquitectura o desde el mobiliario. Con Hugo reflexionamos sobre el respecto de la memoria de los lugares, la importancia de su identidad y la capacidad de proyectar nuevas formas de habitar, trabajar y relacionarnos. 

Proyecto Actiu Red, Madrid
Proyecto Actiu Red, Madrid
Proyectos como Lagasca 99 en Madrid, que acoge ACTIU RED, y la intervención en el estadio del Betis en Sevilla ejemplifican esa mirada que investiga la historia de la ciudad, su cultura material para traducirla en arquitectura contemporánea.

¿Qué significa para ti que un proyecto arquitectónico tenga memoria? 

Memoria significa que haya un conocimiento consciente del contexto donde se ubica el proyecto. Y que, por tanto, una vez se tiene ese conocimiento, es inevitable que, para bien o para mal, tenga influencia sobre la arquitectura. A veces ocurre que nos sumamos a ese contexto, a esa memoria de manera positiva para reforzar el concepto del proyecto. 

Pero también, la historia nos enseña que ha habido muchos momentos en la arquitectura en los cuales sus ideales precisamente surgían del rechazo a ideas anteriores, a la tradición. Esto en sí mismo, no es posible que ocurra sin memoria, sin conocimiento de la historia, porque no se puede rechazar lo que no se conoce.

¿Crees que la arquitectura es, ante todo, una práctica cultural? ¿De qué manera puede un edificio expresar la identidad de un lugar?

Es inevitable que la arquitectura sea una práctica cultural. ¿Cómo se hace un proyecto sin contexto? 

Los arquitectos cuando diseñamos, nunca tenemos ese folio en blanco al que se le tiene tanto miedo, porque trabajamos siempre con ingredientes concretos: el clima, la topografía, el uso del edificio, las medidas del cuerpo humano, las normativas, la historia… antes de empezar, ya tenemos el papel lleno de datos que nos ayudan a dar forma al edificio. 

Y la clave está en la proporción en que los mezclas para resolver el problema arquitectónico, que en cada caso será diferente. Habrá proyectos en los que el ingrediente clave será el encaje en un contexto histórico; en otros será la funcionalidad o la topografía. Esa es la labor del arquitecto, ordenar correctamente las prioridades de cada proyecto en cada situación para que el edificio sea la respuesta correcta.

Muchas veces me imagino la arquitectura como una ecuación en la que te dan muchos datos, esos ingredientes que nombraba antes, y en la que la incógnita es la solución geométrica en forma de edificio que resuelve todos los problemas.
Hugo Berenguer, CEO y socio de Rafael de La-Hoz Arquitectos en MDF 2026
Hugo Berenguer, CEO y socio de Rafael de La-Hoz Arquitectos en MDF 2026

¿Cómo se gestiona la escala en proyectos de gran dimensión para que mantengan una relación humana con el entorno urbano?

Creo que el tema de la escala es de los más difíciles de controlar, porque para el cerebro humano es muy complicado dar ese salto del papel a la realidad. Hay cosas que funcionan muy bien a una escala y a otras no. Eso lo entiende muy bien la biología y la biomecánica que desde hace mucho tiempo conoce porque ciertos organismos tienen sus límites de tamaño o forma en función de si son vertebrados o no. Esto también pasa en arquitectura y por tanto no podemos aplicar las mismas estrategias de diseño en una pequeña casa o en gran estadio.

¿Qué papel desempeñan los materiales en la construcción de una atmósfera y en la forma en que las personas experimentan un espacio?

Los materiales son probablemente uno de los instrumentos más poderosos que tiene la arquitectura para generar atmósferas. Al final, las personas no experimentan un edificio a través de los planos, sino a través de la luz, las texturas, los sonidos, la temperatura o el envejecimiento de los materiales con el paso del tiempo. 

Un mismo espacio puede transmitir sensaciones completamente diferentes dependiendo de si está construido en hormigón, madera, piedra o acero. Cada material tiene unas propiedades físicas, pero también unas connotaciones culturales que inevitablemente influyen en cómo percibimos el espacio. Por eso, la elección de los materiales nunca debería ser una decisión exclusivamente estética. Tiene que ver con la sostenibilidad, con el mantenimiento, con la durabilidad, con el confort y también con la identidad del proyecto. 

Un ejemplo muy claro donde se ve el protagonismo de los materiales es precisamente Lagasca 99, donde está ubicado el showroom de Actiu. La fachada del edificio es lo primero que sorprende, al exhibir tres materiales distintos que responden a una estrategia compositiva que emana de la funcionalidad interior, de forma que cada uso, salón, dormitorio o cocina, se identifica con un material diferente, vidrio, piedra y madera, respectivamente.

Proyecto Lagasca 99, Madrid
Proyecto Lagasca 99, Madrid

¿Hasta qué punto el contexto (climático, histórico, social) debe condicionar las decisiones formales y técnicas de un proyecto? 

Creo que debe condicionarlas mucho, porque precisamente de ahí nace la arquitectura. Los arquitectos estamos acostumbrados a trabajar con restricciones. De hecho, muchas veces somos mejores cuantos más condicionantes tenemos. El clima, la historia, las normativas, las necesidades del cliente, las capacidades tecnológicas o las características sociales de un lugar no son obstáculos al proyecto, sino los ingredientes que nos ayudan a darle forma. 

Ahora bien, eso no significa que el contexto determine una única solución posible. Dos arquitectos pueden enfrentarse exactamente a las mismas condiciones y llegar a propuestas completamente diferentes. Lo importante es entender que las decisiones formales y técnicas no deberían surgir de manera arbitraria. Deben ser la consecuencia de comprender correctamente todas esas circunstancias y ser capaces de sintetizarlas en una propuesta coherente. 

En algunos proyectos tendrá más peso el contexto histórico; en otros, el clima, la topografía o determinados condicionantes funcionales. La labor del arquitecto consiste precisamente en ordenar esas prioridades y encontrar el equilibrio adecuado en cada caso. 

En algunos proyectos tendrá más peso el contexto histórico; en otros, el clima, la topografía o determinados condicionantes funcionales. 

La labor del arquitecto consiste precisamente en ordenar esas prioridades y encontrar el equilibrio adecuado en cada caso.

Me cuesta imaginar una buena arquitectura que sea indiferente a su contexto. De hecho, cuando un edificio está realmente bien resuelto, suele ocurrir algo muy interesante: da la sensación de que no podría haberse construido en ningún otro lugar. 

Interior del edificio Lagasca 99
Interior del edificio Lagasca 99

¿Cómo influye la dimensión del tiempo en tu manera de proyectar? ¿Debe la arquitectura aspirar a la permanencia o a la adaptación constante? 

Creo que son las dos cosas a la vez. 

Por un lado, los edificios están diseñados para durar muchos años. De hecho, las estructuras de los edificios se calculan para duraciones de 50 años en usos normales, en el caso de los hospitales se llega a 100 años. La realidad es que bien mantenidos duran mucho más. 

Por tanto, es una actividad que por esencia tiene vocación de permanencia. 

Dicho esto, y ya lo hilo con la otra parte de la pregunta, solo perdurarán aquellos edificios que sean especialmente buenos desde un punto de vista arquitectónico y sean protegidos o aquellos cuyo diseño permita adaptarse a nuevos usos o nuevas formas de habitarlos.

¿Cómo se equilibra el respeto por el legado arquitectónico con la incorporación de nuevas tecnologías y metodologías? 

Creo que son cuestiones diferentes. Respetar el legado no es imitarlo ni restringir el uso de nuevas tecnologías. Este es un debate muy interesante que tiene que ver con la integración de nuevas arquitecturas en entornos históricos o ya consolidados. 

A veces, tenemos la sensación de que el respeto se basa en dar soluciones arquitectónicas continuistas, en imitar lo anterior y creo que es muy equivocado. 

Fíjate en grandes ciudades históricas que admires, son una mezcla de diferentes estilos arquitectónicos que en algunos casos están separados por 2.000 años. Lo que pasa es que nuestra cabeza ya los ha identificado como estilos históricos y nos juega una mala pasada. Cuántos ejemplos tenemos en Europa o en España de arquitecturas romanas fusionadas con edificios islámicos, románicos, góticos, renacentistas o barrocos, que poco o nada tienen que ver entre sí. 

¿Qué tiene en común un edificio romano con uno gótico? Nada, ni en lo estilístico, ni en lo conceptual, ni en los medios tecnológicos que se utilizaron para su construcción. 

De hecho, creo que la mezcla de tipos de arquitecturas, donde cada una de ellas es un fiel reflejo de las ideas de cada momento histórico, es lo que hace las ciudades europeas tan atractivas e interesantes, esa mezcla, esa convivencia de estilos.

No podemos hacer arquitecturas que no se identifiquen con el momento que vivimos. Fíjate, Mies definía la arquitectura como ‘la voluntad de una época traducida al espacio’ y creo que no puede ser más acertado.

Hugo Berenguer junto con Soledat Berbegal y Roberto García en MDF 2026
Hugo Berenguer junto con Soledat Berbegal y Roberto García en MDF 2026
Respetar el legado es estudiarlo, conocerlo y tenerlo en cuenta a la hora de diseñar, lo que es muy distinto de imitarlo, porque esto nos lleva a la fosilización de las ciudades y los edificios deben ser algo vivo, en continua evolución.

¿Qué importancia tiene la colaboración entre estudios de arquitectura e industria en la evolución del diseño de espacios? 

En mi opinión es muy importante. El desarrollo de la industria y las nuevas tecnologías han permitido que existan en el mercado infinidad de soluciones técnicas para resolver el mismo problema. 

Hoy resulta imposible que un arquitecto conozca en profundidad todos los avances que se producen en materiales, sistemas constructivos, equipamiento, sostenibilidad o digitalización. Por eso la colaboración con la industria es cada vez más necesaria. 

Las mejores soluciones suelen surgir cuando ambas partes trabajan desde el principio con objetivos compartidos. Los arquitectos aportamos una visión global del proyecto y la industria aporta conocimiento especializado, capacidad de innovación y experiencia técnica. 

Además, esta colaboración permite reducir la distancia entre la idea y su materialización. Muchas veces proyectos que hace unos años habrían sido imposibles pueden construirse gracias al desarrollo de nuevas tecnologías o nuevos sistemas productivos. 

Creo que la innovación en arquitectura rara vez es el resultado del trabajo aislado de una sola persona. Normalmente aparece cuando distintas disciplinas colaboran y comparten conocimiento. 

¿Cómo pueden los espacios arquitectónicos fomentar la colaboración, la creatividad y el bienestar colectivo? 

Es una pregunta interesante. Fíjate, antes de la pandemia había toda una teoría en torno a los nuevos espacios de trabajo que fomentaran la colaboración entre empleados de cara a aumentar la creatividad, compartir ideas, visiones, etc. Todo ello venía de entender que las mejores ideas muchas veces no surgen en reuniones planificadas, sino en interacciones informales, pasillos, zonas de cafetería, etc. 

A partir de ahí se empezaron a diseñar oficinas que fomentaran encuentros espontáneos entre empleados, creo que lo llamaban ‘colisiones creativas’. 

Luego vino la pandemia y por un tiempo se dejó de hablar de todo esto y pasamos al teletrabajo y la no presencialidad… lo cual desde mi punto de vista es un error porque estoy completamente de acuerdo con las tendencias prepandemia, tienen todo el sentido y creo que funcionan muy bien y que la arquitectura tenía mucho que decir al respecto.

Otro ejemplo muy interesante es su aplicación en edificios hospitalarios, donde se trata de que, en lugar de diseñar espacios únicamente para evitar problemas o patologías, se busque crear entornos que generen activamente bienestar y salud en las personas.

En este sentido, la arquitectura deja de ser solo funcional o estética para convertirse en una herramienta que influye en cómo las personas perciben, entienden y experimentan el espacio.
Hospital Universitario Rey Juan Carlos por Rafael de la-Hoz Arquitectos
Hospital Universitario Rey Juan Carlos por Rafael de la-Hoz Arquitectos

Aplicado al diseño, esto se traduce en estrategias como el uso de luz natural, la relación con la naturaleza, la calidad del aire, la elección de materiales saludables y la creación de espacios que fomenten tanto la interacción social como la intimidad. No se trata solo de evitar el estrés o la enfermedad, sino de potenciar la experiencia positiva del espacio. 

Numerosos estudios científicos han demostrado que la disponibilidad de luz natural en las habitaciones hospitalarias influye positivamente en la evolución de los pacientes, favoreciendo una recuperación más rápida y mejorando su bienestar general. 

Asimismo, las vistas al entorno natural contribuyen a reducir el estrés y la necesidad de medicación para el dolor, lo que se traduce en una experiencia de hospitalización más favorable y en una recuperación más eficiente. 

Como directivo y creativo, ¿cómo se construye una visión estratégica sin perder profundidad conceptual? 

Estoy convencido de que un arquitecto no es solo un gran diseñador, sino muchas cosas más. El arquitecto debe tener un gran componente humanista. Como habíamos comentado, debe conocer bien la historia y lo que hicieron nuestros antepasados, también debe tener mucha capacidad de análisis y se le tienen que dar bien los números. Además, la profesión exige tener conocimiento técnico sobre otras disciplinas como materiales, cálculo de estructuras, instalaciones, acústica, sostenibilidad… De hecho, en las obras, por ley somos directores y coordinadores de todas las disciplinas. 

El arquitecto también debe saber explicar su arquitectura a un cliente para que la entienda, convencerle y conseguir que le haga el encargo. Ha de ser elocuente y debe por tanto ser un buen vendedor. Si es bueno en esto, firmará contratos y, por tanto, deberá tener conocimientos jurídicos. Y también deberá negociar cuánto le van a pagar, pues se juega mucho en ello. 

Debe saber organizar su estudio, sea grande o pequeño; debe saber entender qué necesita el sector en ese momento y decidir cómo diferenciarse… 

Y, por supuesto, además debe ser buen diseñador y tener profundidad conceptual. 

Pero esto que dicho así parece complicado, es lo que llevan haciendo los arquitectos toda la vida y para lo que nos han educado en las escuelas de arquitectura. 

¿Cuáles son los grandes desafíos que la arquitectura debe afrontar para seguir siendo relevante en un contexto de cambio constante? 

Creo que hay grandes desafíos en diferentes escalas y frentes… Cito algunos ejemplos. 

A nivel general creo que la arquitectura ha reducido su capacidad de ser una herramienta social frente a la cultura de edificios espectaculares, ‘instagrameables’, pero muchas veces desconectados de las necesidades reales de la sociedad. En este sentido, se ha perdido mucho poder frente intereses políticos, económicos… Creo que una actividad con tanta vocación social debería ser mucho más independiente de todo esto. 

En el diseño urbano me preocupa mucho el desafío que afrontan muchas ciudades con el crecimiento del turismo que las está convirtiendo en parques temáticos donde me parece imposible vivir. Es más, casi me parece insoportable ya incluso ser turista en ciertas ciudades… Es algo que está descontrolado y que merece una reflexión profunda. 

Creo que hay que hablar de la aparición de IA como un desafío a integrar en la profesión. Como herramienta, puede potenciar la creatividad, pero tiene el riesgo de sustituir al pensamiento crítico. También es una cuestión que va a generar muchos debates de propiedad intelectual y autoría que, no me cabe duda, serán un quebradero de cabeza en los próximos años.